La Tribuna del Derecho, diciembre 2008
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"Si preguntamos a un ciudadano
qué es un procurador, qué
función lleva a cabo y qué beneficios
le aporta, probablemente
no sabrá qué decir o, como mucho,
dirá que colabora con el
abogado para hacer trámites y
que es un coste que no le queda
más remedio que asumir. Eso
es, por lo menos, lo que he ido
observando cuando he preguntado
explícitamente a particulares
si saben qué es un procurador,
qué función realiza y qué
beneficios o valor añadido les
aporta. En la práctica, si no se
conoce la función social de una
profesión, se está en el anonimato
y se desaprovechan oportunidades
continuamente.
Si nuestra capacidad y el valor
que aportamos a los ciudadanos
no es apreciado, en una sociedad
cada vez más “comercial”,
es probable que acabemos desapareciendo,
por pura dinámica
social. La tendencia es que pervivan
sólo aquellas profesiones
a las cuales se le reconoce un valor
añadido, un plus. Ante esto,
podemos seguir como hasta
ahora, haciendo bien poco para
dar a conocer nuestra función
social o actuar para conseguir
que la función social de nuestra
profesión sea claramente percibida
por la sociedad. En mi opinión,
es una responsabilidad de
los colegios de procuradores y
de los propios profesionales.
Es una responsabilidad nuestra
comunicar los beneficios
que damos al cliente final, aunque él no lo perciba directamente.
No “deleguemos” esa
responsabilidad en otros colectivos.
Somos nosotros quienes
debemos explicar que la agilización
de trámites en el juzgado,
que el cumplimiento de plazos,
etc., dependen en buena parte
de nosotros y gracias a nuestra
labor contribuimos a que los
asuntos avancen.
¿Por qué no ha interesado
nunca a nuestro colectivo saber
“vender” su capacidad? ¿Por
qué el cliente tiene que conformarse
con el procurador que se
le indique? Tal vez ha llegado la
hora de que nuestra profesión
dé un salto y se prestigie, y conseguir
que sea el cliente quien
seleccione al mejor profesional,
porque sencillamente sepa que
puede hacerlo. La competencia
sería mucho más objetiva.
Ha llegado la hora de dar a
conocer con valor y determinación
nuestra capacidad, directamente,
sin intentar “delegar”
esa responsabilidad en otros colectivos
profesionales. En mi
opinión los consejos y colegios
de procuradores deben liderar
ese esfuerzo y los despachos de
procuradores contribuir a su éxito. La salida del anonimato
es el camino para prestigiar y
conseguir que se valore más
nuestra centenaria profesión.
Valorándonos más nosotros, la
sociedad nos valorará más. "
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